Señales visuales que no mienten
La carátula. Si el arte parece sacado de una impresora de bajo consumo, algo huele a falsificación. Los colores deben ser nítidos, los bordes limpios, sin pixelaciones que recuerden a una foto de Instagram ampliada. Y la tipografía, ¿coincide exactamente con la del editor? No hay margen para variaciones; los logos mal alineados son la bandera roja que avisa de una copia.
Código de barras y número de serie
Abre el embalaje y busca el código de barras 12 dígitos. En un original, ese número coincide con la base de datos del fabricante; en una copia, suele haber repeticiones o números aleatorios. Además, el número de serie gravado en el disco o la cartucha es único, no una masa genérica. Un truco rápido: escribe el número en Google; si aparecen foros que denuncian la falsedad, ya sabes.
Comportamiento del juego, la prueba del fuego
Instala y enciende. Un juego original arranca sin parpadeos, sin pantallas negras que se quedan colgadas. Los menús aparecen fluidos, los efectos de sonido claros, sin retrasos. Si el juego se bloquea al cargar la primera misión, o si notas texturas borrosas, es una señal de alerta. Los parches oficiales y las actualizaciones también son una pista: si el gestor de actualizaciones no reconoce el título, la copia está aislada.
¿Dónde comprar con seguridad?
Aquí está el trato: los distribuidores oficiales nunca venden a precios ridículamente bajos, y siempre ofrecen garantía. En el caso de los marketplaces, revisa la reputación del vendedor, las reseñas y, sobre todo, la política de devolución. La página guiadejuegos-es.com tiene una lista de tiendas certificadas que puedes consultar antes de comprar.
Chequeo rápido antes de abrir la caja
Un último consejo práctico: toca el disco o la carta. El material de una falsificación suele ser más barato, con un peso inferior al original. Si la caja suena hueca al golpearla, o si el disco tiene una superficie lisa y sin la típica textura de los discos oficiales, desconfía.